julio 30, 2008

Se Busca Casa

 El ultimo trago de agua que pude tomar fue hace como 20 horas de un charco que sabía a orines y que ya se evaporó con el calor. No puedo escapar porque no tengo zapatos y el piso está bien caliente. ¿Cómo es que llegué aquí? En realidad todavía no lo entiendo bien. Todo empezó hace menos de 24 horas.

 

Tomé el último folleto del montón, el que menos esperanzas me daba, y casi mecánicamente marqué el numero que venía impreso ahí. No pasaron muchos segundos cuando levantaron el auricular del otro lado de la línea y escuché una voz femenina que me resultó muy familiar. Rápidamente me recuperé del sobresalto que me causó esa voz y expliqué el porque de mi llamada.

-Hablo por el departamento que rentan cerca del estadio- dije con voz calmada, ocultando el hecho de que estaba cansado de repetir la misma frase sin pausa desde antes del mediodía.

-¿Qué quiere saber?- me contestó la misma voz conocida y causó otro sobresalto.

-Pues todo; costos, con que servicios cuenta, en que condiciones está, todo lo que pueda usted decirme- contesté toscamente, ¿qué más podría interesarme de un departamento en renta?

-¿Con quién tengo el gusto?- preguntó amablemente, está vez no me alteró la voz, ya sabía quién era, una vieja novia que trabajaba en bienes raíces.

-Con el señor Morales- mentí para ocultar mi identidad

-Bien señor Morales, el departamento tiene un costo de cinco mil pesos al mes, incluye todos los servicios básicos como son agua y gas, actualmente está en muy buenas condiciones porque los últimos usuarios se fueron hace  una semana y dejaron todo en orden-

-¿Cuándo podría verlo?- No pude ocultar la emoción esta vez, eran muy buenas noticias.

-Esta misma tarde, si así le parece-

-¿A las 8 estaría bien?-

-A las 8 está perfecto- dijo sin dudar

-¿Por quién pregunto?- la interrogué solo para estar seguro

-Por Paola-

-Muy bien, muchas gracias señorita, hasta al rato- Contesté sin pensar mientras recordaba que mi novia no se llamaba Paola y que ahora vivía en Durango.

 

Colgué el teléfono y me recosté en el sillón, no podía ser tan bueno, algo tenía que estar mal como siempre. Seguramente los vecinos eran gente horrible, o la calle era muy ruidosa, o no permitían solteros, algo, siempre algo salía mal.

Había pasado ya un mes desde que regresé de Zacatecas de trabajar como guía de turistas en una mina abandonada y todavía no podía encontrar un lugar para mi. Mis padres estaban felices de tenerme en casa pero yo no estaba feliz de dormir en un sillón y compartir la tele con el hijo de mi hermana. ¿A quién se le ocurre traer un hijo a este mundo viviendo con sus padres y sin trabajo? Probablemente solo a mi hermana, la rechazada de todas las universidades y de todos los empleos. La única persona que reprobó el examen diagnóstico de la prepa aún cuando el maestro dictó todas las respuestas. Ese hijo era el único recuerdo de su relación con un militar tacaño que lo único que hizo por el niño fue comprar una televisión bien pinche grande para mantenerlo distraído y que no llorara cuando se fuera.

 

Pero no me quería desviar de la historia de por que estoy aquí encerrado con sed y sin zapatos.

 

Salí a las 7 rumbo al departamento y llegué como quince minutos después, lo cual solo me hizo lamentar mi suerte pues una zona sin tráfico en hora pico era casi imposible de encontrar. El defecto del departamento debía ser enorme. Maté el tiempo tomándome un atole buenísimo en la esquina (espeso, con mucho arroz, a la temperatura ideal y con canela) y regresé justo a tiempo para ver salir del edificio a una pareja de edad avanzada. Les pregunté lo más amable que pude acerca de la vida en ese lugar y me explicaron que era de lo más tranquila, que no había vecinos molestos y que si estaba interesado en el departamento en renta. Contesté afirmativamente y me felicitaron por la elección. Empecé a pensar que tal vez la suerte si estaba de mi lado en esta ocasión.

 

La señorita del teléfono no tardó en llegar y después de saludarme de inmediato abrió la puerta del edificio y subimos al cuarto piso. Metía las llaves en las cerraduras con una precisión asombrosa y me pregunté cuantas veces al día venía a este lugar con posibles clientes. El departamento estaba completamente amueblado, todo era nuevo, las ventanas eran dobles y no entraba el poco ruido de la calle, era espacioso y acogedor. Definitivamente me encantaba. Me habló del precio y no pude evitar notar como le temblaba la voz. Tenia prisa por rentar el lugar.

 

Me sugirió quedarme a dormir en el lugar para que viera si me gustaba, sin compromiso. Me pareció una buena idea así que fui a casa de mis padres por un cambio de ropa y mi cepillo de dientes. De regreso en el departamento ella estaba sentada muy cerca de la puerta y en cuanto toqué me abrió y salió. Me dijo que regresaba al medio día.

 

Recorrí todas las habitaciones y cada una me pareció más maravillosa que la anterior. Todo era nuevo, todo olía a bien. Las cosas nuevas siempre huelen bien.

 

Me dirigí a la habitación y abrí el ropero. Un bulto oscuro cayó a mis pies. Lo empujé con algo de esfuerzo y revisé bien el ropero, era espacioso. Mi mamá siempre me decía que revisara el tamaño de los armarios y roperos para ver que tanto podía meter ahí. Intenté meter el bulto de nuevo y al levantarlo para meterlo distinguí claramente la forma de una mano. Del susto dejé caer el bulto y se abrió la bolsa. Salió un cuerpo, o al menos algunas partes de lo que, a juzgar por la sangre tan fresca, horas antes había sido un cuerpo. No me causó tanta impresión el hecho de ver un cuerpo desmembrado, si no el hecho de que cayera a mis pies desde un ropero en una casa que no era mía y que no tenía ninguna razón legal para estar ocupando. Decidí hacer lo que cualquier persona normal haría. Deshacerme del cuerpo. Para sacarlo del edifico necesitaba ser discreto así que agarré muchas bolsas de plástico de la cocina y metí los miembros ensangrentados en ellas. El torso lo metí en una bolsa más grande y lo metí en mi propia maleta.

Salí del departamento y del edificio y me dirigí al parque de enfrente. Había demasiada luz y demasiada gente, maldije a las ligas nocturnas de fútbol. Camine por calles y avenidas sin saber a donde dirigirme. De pronto la inmensa ciudad se me hacía un lugar muy chico y demasiado lleno de gente. Fui hasta la explanada del estadio y me encontré rodeado de policías que buscaban detener vendedores piratas. Mala idea pensé.

Fui al tiradero de basura y estaba lleno de pepenadores. Fui al paradero de camiones y estaba atestado de camioneros. Cada vez se me hacía más pesado el cuerpo que traía y cada vez me ponía más nervioso.

Finalmente paré un taxi y le indiqué como destino el mirador de la carretera. Eso lugar debía estar lleno de gente a la que no le importaría en lo más mínimo lo que hiciera alguien con una maleta y varias bolsas de súper. El taxista me preguntó que buscaba en ese lugar y le dije que a mi novio. No preguntó más.

Le pagué sin dejar propina y al arrancar me gritó algo que no pude entender.

En efecto, había muchísima gente pero no era el tipo de gente que yo esperaba. Había policías y peritos con sus batas blancas. Me vieron acercarme y empezaron a señalarme. Yo seguí caminando rumbo al mirador como si nada pasara pero no podía ocultar el sudor de mi cara. Llegué a la orilla a donde podía ver la ciudad y me preparé para aventar las bolsas. No quería voltear a ver a los que me veían. Levanté una bolsa y me gritaron, no distinguí bien que dijeron pero si escuché la palabra disparo. Gire sobre mi mismo y los vi apuntándome al pecho con sus pistolas. No sabía que hacer.

 

Solté las bolsas y salí corriendo rumbo a la carretera, no llevaba ni 10 pasos cuando me derribaron y esposaron. Al levantarme vi los cuerpos en el piso, cortados igual que el que traía en las bolsas. Uno de los peritos abría las bolsas y otro la maleta. Descubrieron el cuerpo y me voltearon a ver con caras de sorpresa.

 

Yo seguía sin saber que hacer.

 

Fui llevado al ministerio público y puesto a disposición de un juez que resultó ser primo del dueño del departamento, que ahora estaba en cachitos en la morgue, que resultó ser socio de los dos del mirador.

 

Obviamente no tuve juicio, en la madrugada me subieron a una camioneta llena de policías y me trajeron a no se donde. Me quitaron los zapatos y el celular. Hace mucho calor y si me muevo de la silla me quemo los pies. No me han dado agua ni comida y la verdad no se ni que esperar.

 

El defecto del departamento resultó más grande de lo esperado.



(Escrito para la clase de redacción, objetivo: crear una historia a partir de una noticia, yo escogí esta nota)

5 comentarios:

FITI dijo...

Buen cuento me gusto

Andrea dijo...

Muy bueno. Empecé a sospechar si sí era cierto jaja, eso es buena señal supongo.

Moka dijo...

Esta padrisimo

Dirty Lil' Thing dijo...

El chico tiene talento :O

Anónimo dijo...

impresionante, me gusto

ideas y más ideas y más...